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CRECIENDO COMO PERSONAS CONSTRUIMOS LA COMUNIDAD |
La educación humaniza y personaliza al ser humano cuando logra que éste desarrolle plenamente su pensamiento y su libertad, esto nos recuerda la conferencia de Aparecida (V Conferencia Episcopal Latinoamericana realizada en la ciudad de Aparecida Brasil), que lo toma ya del DP 10251; dando suma importancia a la labor educativa como formadora integral de la persona humana, de este modo, la persona puede enfrentarse al mundo transformando la sociedad y construyendo la historia.
La comunidad educativa debe recordar que es transmisora de valores, como por ejemplo, la libertad, la justicia, la solidaridad; sabiendo que en este quehacer no se encuentra sola, sino que tiene como principal aliado, en la transmisión de dichos valores, a la familia primera escuela de virtudes sociales, que ayuda a que la persona crezca en sus aptitudes particulares para, una vez desarrolladas, colocarlas al servicio de la comunidad social.
Construimos la Comunidad a partir del desarrollo personal de nuestras capacidades, en este proceso educativo de crecimiento personal, es importante el acompañamiento y la participación de los padres de familia. Ellos deben promover y vivenciar los valores aprehendidos en el centro educativo. Este es el rol primordial de la familia que forma parte de la Comunidad educativa.
La Comunidad se construye con el aporte de cada uno, y se fortalece mas aún, con el compromiso de ser anunciadores de esta realidad de unidad, de fraternidad, de diálogo sincero; frente a una sociedad que pretende llevar a la persona a quedar diluida en una gran masa de gente, sin tener la opción de poder escoger y ser libre en sus propios proyectos.
En este crecimiento de la persona para poder construir verdaderamente la comunidad no debemos olvidarnos de los objetivos propios de nuestros centros educativos que son:
Lograr la formación integral de la persona mediante el desarrollo armónico de todas sus potencialidades físicas, psicológicas, socioculturales y trascendentes.
Desarrollar las aptitudes personales, estimulando la creatividad y la investigación científica.
Fomentar un espíritu crítico frente a opciones totalizadoras de la ciencia o de la vida.
Educar progresivamente a los alumnos desde la realidad social, cultural y científica, en diálogo con las formas de la vida, costumbres y tradiciones de la sociedad en que se desenvuelven.
Crear hábitos de trabajo y espíritu dinámico para afrontar las nuevas situaciones y poder participar en la transformación de la sociedad.
Favorecer la enseñanza personalizada y liberadora, para que nuestros alumnos sean ellos mismos artífices de su propia educación.
A partir de estos objetivos es que debemos trabajar en forma mancomunada en el desarrollo progresivo de nuestro alumnado; buscando ante todo el crecimiento personal, moral y comunitario. Construir la comunidad es un deber de todos y cada uno de nosotros, que formamos parte de esta gran familia, que es la comunidad educativa, y con la espiritualidad agustiniana que está presente en toda su estructura, siendo la fuente de orientación para todo el centro educativo.
1Documento de Puebla: este documento surge a partir de la reunión de obispos en Puebla, México, III Conferencia Episcopal Latinoamericana (Celam).