“UNIDOS CONSTRUIMOS EL BIEN COMÚN”

 Hombre soy, entre hombres vivo y nada de lo humano me es ajeno”
San Agustín, Carta 155,14.

La enseñanza de la Iglesia entiende por bien común «el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las “Asociaciones” y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección»; es un deber de todos los miembros de la sociedad (ciudadanos); es un bien indivisible y sólo juntos es posible alcanzarlo, acrecentarlo y custodiarlo. (Gaudium et spes, 26)

La idea de un bien compartido en común por un cierto número de personas, sin que disminuya en sí mismo ni que origine limitación y envidia entre quienes lo aman, es una constante de San Agustín y de quienes comparten su carisma.

La escuela agustiniana tiene entre sus notas características la búsqueda de un hombre libre, responsable y consciente de sus valores y metas, pero nunca desvinculado de los demás, pues en la relación con los otros se realiza su ser hombre. Cada grupo y cada persona de nuestra comunidad cumple su tarea educativa y cristiana, insustituible y urgente, "si actúa con unidad en lo necesario, con libertad cuando lo piden los bienes comunes y con amor siempre".

La familia contribuye al bien común y constituye la primera escuela de virtudes sociales, de la que todas las sociedades tienen necesidad, es insustituible para la enseñanza y transmisión de los valores culturales, éticos, sociales, espirituales y religiosos; ayuda a que las personas desarrollen su libertad y su responsabilidad; comunican valores fundamentales, que deben ser asimilados por cada persona, necesarios para ser ciudadanos libres, honestos y responsables.

Nuestra acción formativa se inspira en una propuesta coherente de valores y expresa una vivencia de actitudes:

- Superación del egoísmo y del individualismo; de la avaricia y del consumismo; de la envidia y la crítica destructiva.

- Actitudes de solidaridad, generosidad, laboriosidad y desprendimiento.

- Amor solidario y preferencial por los pobres y necesitados.

- Anteponer el bien común al propio con espíritu de colaboración y disponibilidad, responsabilidad y participación (el orden, el cuidado de las cosas comunes, la austeridad creativa).

- Recordar más los derechos ajenos y las obligaciones propias que los derechos propios y las obligaciones ajenas.

- Crítica constructiva y fraterna; diálogo y encuentro interpersonal.

La vivencia de estas actitudes nos conducirá a:

- Integrarnos en la sociedad –comunidad.

- Fomentar el trabajo en equipo.

- Fomentar la igualdad y la libertad.

- Aceptar a los otros, escucharlos y valorarlos.

- Participar como ciudadanos responsables y comprometidos.

- Respetar y cumplir las leyes.

-Eliminar toda forma de esclavitud, explotación, opresión, manipulación de las personas.

- Erradicar la adulación, hipocresía, apariencias falsas.

A la búsqueda del bien común estamos llamados todos y sólo juntos es posible alcanzarlo, acrecentarlo y custodiarlo, por eso como creyentes, rogamos al Bien Común Supremo:

¡Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos!